Unas 10 caballerías de tierra con aproximadamente 200 mil plantas del grano, eran atendidas por negros y negras, cuyos amos Francisco Rubier Durán y Dionisia Girauld Le Rua, de procedencia francesa, se esmeraban en vigilar y castigar, si algo salía mal.
Nemesio Guillén Suárez, hombre, de más de 80 años, que conoce de los misterios de la tierra, de la Ceiba y del cafetal, creció en la finca escuchando de Victoriano, un esclavo que vivió más de un siglo, las historias de aquellos horrores que la vida le cedió suficiente tiempo para contarlos.
“Esta casa la construyó Rubier en el año 1820, quien tuvo nueve hijos, seis hembras y tres varones. Cuando en 1834 falleció Dionisia, con sólo 48 años, el hijo mayor puso al cafetal el nombre de su madre- cuenta Nemesio.
