Carlos Verdugo no estaba presente aquel fatídico día de 1871 cuando las autoridades españolas consideraron que 45 estudiantes del primer año de medicina profanaron el sepulcro del periodista español Gonzalo de Castañón.
Tampoco lo estaba en el momento en que sacaron el sorteo para castigar, nada más y nada menos que con la muerte, a ocho entre los 45.


