Si eres de esos
hombres que no reposan, confías en la vida, asumes un paradigma para escudriñar
el camino, aunque sea empedrado, amas la paz, luchas por el futuro desde las
conquistas de un presente.
Si existes y
persistes pese a los tiempos enmarañados, entonces puedes estar en esta carta.
A propósito de este
tercer domingo de junio, cuando se avizora un verano pleno, pensarás en el padre que se multiplicó en América, ese que fue médico, soldado, guerrillero, hombre
real, devenido mito.
Aquel que dejó a sus
vástagos carnales para sembrar amor y dignidad en las selvas de Africa y
Bolivia, se convirtió, sin proponérselo apenas, en ejemplo para multitudes en
el mundo, y volvió, junto a sus
compañeros, sin una queja, eterno guardián en la batalla de hoy y de mañana…





