Como en un
remolino debieran estar ahora mismo las cenizas de Santi, él zurdo hasta la
médula empeñado en cantar y contar verdades, con la lírica siempre, y sin ceder
ni por un instante el paso a la mediocridad, banalidad o mal gusto, que es lo
mismo.
Me avergüenzo,
en buen cubano, cuando leo la entrevista que el colega Michel Hernández hiciera
a Descemer Bueno, y aunque respeto criterios ajenos, me niego a comprender que alguien
en su sano juicio, defensor de la cultura cubana comparta algunas de las
declaraciones del artista.
“Creo que ya hice todo lo que podía hacer por
la música cubana y verdaderamente no ha sido del todo favorable para mí. Ahora
ha llegado el punto de preocuparme por mí. Hay un momento para todo en la vida”.
Así confesó quien compartió música con
Santiago Feliú, donde tocaba el bajo y otro grande como Robertico Carcassés se
sentaba al piano, que participó en ese proyecto llamado Yerba Buena, nominado
incluso a los premios Granmy y salía por los poros la raíz de la música cubana,
esa que es sensible y que ha recorrido y recorre el mundo.
