(De la serie Crónicas de mi Aldea)
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| Una guarapera... |
Difícilmente un cubano o cubana no sepa qué es el guarapo. De alguna manera habrán saboreado el jugo de caña que proliferaba en los bateyes de los centrales azucareros de la Isla. Bien colado y con hielo es una de las bebidas más refrescantes que paladar humano haya degustado, para parafrasear al Gran Almirante, que no está registrado en los archivos de Indias si tomó o no guarapo.
Un rudimentario aparato de hierro y aluminio y cualquiera sabe qué otro metal, con un pequeño motor y agujero para introducir la caña y exprimirla, una jarra con colador para que caiga el jugo y ya está!!. Una fabrica de azúcar que se respetara tenía que contar en su batey con una guarapera. Negocio redondo en cualquier época, porque la materia prima se daba “sata” y era muy fácil extraer el jugo a la dulce gramínea.
Pero... en el patio inmenso del abuelo paterno de Bárbara María, en un árbol de aguacate, bastaron unos hoyos por los que se introdujeron dos cabillas de acero y una tercera como palanca para aprisionar la caña.
